Colección: El jardín que heredé
En cada fotografía familiar aparecen las mismas flores: las cayenas, los anturios y los helechos. Están allí, casi siempre, habitando los rincones de la casa, acompañando reuniones, celebraciones y días cotidianos. Como testigos silenciosos del paso del tiempo.
Crecieron al mismo tiempo que nuestra historia familiar y, sin darnos cuenta, se convirtieron en parte de nuestra memoria.
Pero este jardín no habla solo de flores. Habla de herencia; de esas herencias invisibles que recibimos sin darnos cuenta: costumbres, gestos, formas de amar y maneras de habitar el mundo que pasan de una generación a otra.